domingo, 4 de septiembre de 2016

El origen del verbo.

Ocurre, a veces,
como una hilera macilenta y muda de cuervos solitarios,
que amanece el cuerpo sobre un río carnoso de esperanza.

Como el lenguaje de los juncos y los niños,
el sueño no es sino un lirio
teñido de sombras apacibles.

Sólo basta mirar sus manos e imaginar el barro:
el hombre haciéndose a sí mismo
entre los trigales hondos del aullido del mundo.

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