domingo, 16 de febrero de 2014

Dieciséis, éphémère.

recuerdo llegar a la ciudad
de tantas luces
que no sacó el sol a bailar
hasta el día en que cumplí
veintiuna vidas

ninguno de nosotros seremos eternos
ni siquiera el dolor que soporten
nuestras manos

el porqué del adjetivo
del gozo
la desdicha
el tormento encallado
en el regazo
por qué no
sonrío
por qué no pretender
ser volátil
la arena de los cuencos
que derrama
los segundos
ser menguante
el rastro lunar de los ojos
al reconocerse
en un espejo
ser éxtasis
el recuerdo de la lluvia
enraizado
en un paso de baile

esa ciudad de tantos puentes
me enseñó que esperar
la llegada de quimeras es
enjaularte los ojos
vendarte el corazón
y coserte los pies
hasta cerciorarte de que
vale más fracasar el alma de un salto
que acobardarse frente al precipicio

y yo
que no sé de arrepentimientos
sólo espero que en veintidós vidas que tengo
tenga pendientes aún
muchas más
caídas

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