viernes, 12 de julio de 2013

Trece de julio y sábado.

(no sé cómo abrazar sin despegar los brazos
de mis piernas
hecha un ovillo de recuerdos
pesadillas todas
tan vívidas y frágiles que
tiemblan conmigo
tumbadas en la misma cama

sólo sé que me dejaría ver llorar
por tus manos ahora mismo
colocar sobre la mesa
una a una
cada herida que sangra
aun a riesgo de matarte de lunares la pena
que ni siquiera sé que tienes
pero intuyo en tantos huecos
desa(r)mados por tantas
maletas

no sé cómo abrazar dejando de abrazarte
cuando por estar
ni estoy tocándote
y sé que no existes del modo en que
yo te creo
pero cedo demasiado rápido
y yerro con la conjugación
de ya no sé qué verbo

dime si tú no abres las manos
y ante tanta pérdida te sonríe el llanto
mientras el pulmón encoge y el estómago ahoga
todo ya desubicado
confundido
como no saber siquiera si es mejor
matar el precipicio
o
morirme con él.

o quizá ciérrame los ojos
con o sin los tuyos dentro
pero no me obligues a recordar tu voz
una palabra hermosamente triste
rehaz el abrazo
para que pueda seguir
muriéndome de miedo
una vez más.)

2 comentarios:

  1. Olvidamos, a menudo, que el miedo abre cicatrices,
    que los suspiros no son buenos consejeros,
    que las manos echan de menos otras manos,
    que Dios nos ahoga con su soga invisible.
    Olvidamos promesas pero no abrazos ni voces.
    Deberíamos olvidar más y temblar menos.

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    1. (olvidamos sogas para recordar plazas.
      o quizás es que seguimos teniendo el mismo miedo que antes, pero esta vez lo hemos puesto guapo para la ocasión de dejarse morir en el intento.

      o hay torres que siguen alumbrando a lo lejos,
      por si acaso.)

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