jueves, 20 de junio de 2013

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(muchas cosas pueden ser una cuerda.
unas llaves, una ventana abierta, un billete de no vuelta, el madrugón de un lunes para llegar tarde a la facultad.
un hasta luego pero nunca adiós, un gorro de lana, un puñado de poemas que aún desconocemos, la necesidad llamando a la puerta.
unas madrugadas paseando al Sena de la mano, un libro sin dueño, una bonita idea de promesa, el frío que busca mi abrazo.
un pozo con fondo, las sábanas revueltas, trece nidos en el pelo y dieciséis olvidos de qué voz en el oído.
no lo sé, incluso una cuerda puede ser una cuerda.
lo que sí sé es que ni siquiera llegarás a leer esto, que qué más dará si casi tanto es casi nada y al final será verdad que empezamos tropezando, pero habría sido bonito no haberse muerto tanto de miedo. ni deberse un baile y una explicación. o quizá no, o quién sabrá.
será que siempre odié las despedidas y ahora aún no es momento de cambiarlo, però gràcies per haver-me fet somriure.
y por haber sido una cuerda preciosa.)

2 comentarios:

  1. Que hay cuerdas que ni para matar sirven pero dejan una marca en el cuello de por vida. Y no sé, collares hay de muchos tipo, y aunque preciosas, la gente se cuelga piedras.

    Tan mal no lo estamos haciendo.
    O sí.

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  2. las cuerdas no atan, sólo abrazan.

    Esto es genial.

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